Capítulo 1 - Lost.

¡Hola! Antes de nada, quiero decir que esto no es exactamente un relato corto propio de esta sección, sino una página de la historia que estoy construyendo actualmente. Si os lo leéis, me encantaría que dejárais un comentario con vuestra opinión, sea mala o buena. Como ya he dicho, sólo es una páginia, la primera, y si llega a gustar, subiré más próximamente. Por cierto, la protagonista se llama Capri, al igual que "Cenicienta" en mi anterior relato. Repito nombre porque me encanta :) 
Sea como sea, aquí lo tenéis:



La alarma cada vez sonaba más fuerte. Los pasillos se inundaron de un tono rojizo con cada desagradable pitido. No había luces, sólo Capri y aquellas personas que corrían tras ella. ¿Qué había pasado? Lo único que supo era que debía correr, o al menos así lo dictó su corazón. Esas personas tenían intención de hacerle daño, y ella lo sabía. No conocía a ninguna, o eso creyó cuando decidió girarse y contemplarlos rápidamente mientras corría. La ausencia de luz era una gran desventaja, pensó, ya que tenía que reducir la velocidad de sus pisadas y poner ambos brazos delante de ella para evitar chocarse con alguna pared. Oía las aceleradas respiraciones de aquella gente, y sus pisadas cada vez más cercanas. Estaba acabada. No sabía ni siquiera qué hacía en ese lugar, con pasillos interminables, puertas bloqueadas y ninguna luz, por pequeña que fuera.


Entonces sus manos tocaron una pared sólida y no le quedó más opción que dar media vuelta, aun sabiendo que aquellas personas estarían a pocos metros de ella. Las pisadas eran aún más pronunciadas, y Capri comenzó a respirar con dificultad. Ella sólo recordaba haberse despertado en una sala completamente vacía y esas personas observándola a través de un sucio cristal. ¿Qué era todo aquello? Intentó tranquilizarse un poco y miró desafiante el pasillo que ya había cruzado antes, esperando a esas personas que tenían malas intenciones. De pronto, una figura apareció al otro extremo del pasillo. Capri intentó pegar su cuerpo aún más a la maldita pared. Miró aterrorizada aquella silueta mientras sus manos temblaban. Para sorpresa de Capri, la silueta no se movió ni un milímetro, sino que se quedó allí, inmóvil, observándola con detenimiento. Era un chico, supuso, y bastante joven. Quizá de su edad. Cuando Capri iba a chillarle que se marchara, la silueta dio un paso hacia ella, y volvió a quedarse sin aliento. Entonces retrocedió, y por lo que pudo apreciar costosamente, el muchacho giró la cabeza hacia un lado.
-¡Eh!

Se acabó. Aquel chico iba a llamar a los demás, y la iban a atrapar. ¿Y después qué? Después quizá la torturaran o algo parecido. Capri apretó los puños fuertemente y cerró los ojos, haciéndose daño. Notaba cómo el chico volvía a poner los ojos en ella. Lo que no entendía, es que no hubiera corrido a atraparla si no tenía ya escapatoria.
-¡En este pasillo no está! ¡Debe haber subido a la séptima planta! –concluyó el joven.
Capri relajó las manos y abrió los ojos de par en par. ¿La estaba ayudando? No, no podía fiarse. Quizá quisiera torturarla él solo. El joven seguía frente a ella, justo donde comenzaba el pasillo sin salida en el que ambos se encontraban, y tras una breve pausa, comenzó a girar a la derecha, justo por donde había venido. La frustración invadió a Capri, que no sabía si debía moverse de allí o huir. Tras un breve tiempo meditándolo, se agachó en el suelo, y abrazó su cuerpo mientras notaba cómo temblaba. Esto no está pasando, se dijo en voz baja, respirando aceleradamente y con los ojos cerrados con fuerza. De repente, un sonido agudo le hizo abrir los ojos de nuevo. Miró con detenimiento el pasillo, con las voces de aquellas personas cada vez más lejanas, y sus ojos se detuvieron en una débil luz azulada que salía de la parte inferior de la pared a su izquierda. Capri se levantó bruscamente. No recordaba haber visto ninguna luz antes. Anduvo hacia la luz, que cada vez era más débil, y tocó la pared. Estaba más fría que el resto de las paredes. Una puerta. Una puerta de metal, pensó. Su mano buscó a tientas un pomo al que aferrarse, y lo encontró. Antes ya había intentado abrir cientos de puertas en aquel sitio, buscando un lugar en el que esconderse, pero ninguna había cedido.

Capri giró el pomo, y para su sorpresa, la puerta se abrió. Como era de esperar, todo estaba a oscuras, y tuvo que guiarse por las manos, llevándolas delante de nuevo. No había más sonido que el de la casi desaparecida luz azulada, proveniente del techo. ¿Qué debía hacer ahora? Estaba aterrada. De pronto, el dolor recorrió su pie derecho. Algo cortante la había rozado. Estoy descalza, maldijo en voz baja. Estoy descalza y ni siquiera me he dado cuenta. Pero no era momento para lamentarse por no tener zapatillas, por lo que decidió avanzar y…
-¡¿Quién eres?! ¡Pienso rajarte entero si te mueves un milímetro más! –dijo una voz de mujer.
Capri chilló, y acto seguido se tapó la boca con las manos, deseando con todas sus fuerzas que no la hubieran oído las otras personas.
-Soy… soy Capri. Y no sé qué hago aquí.
-¿Capri? –la voz comenzó a desplazarse rápido por la habitación, y tras un leve “click”, una luz hizo que entrecerrara los ojos.
Cuando éstos se adaptaron, vio que provenía de una linterna, sujetada por la mujer que se encontraba con ella.
-¿No eres como… ellos? –Preguntó la señora -¿No eres una Praetu?
-¿Una qué? –dijo Capri sin comprender. La mujer no parecía creer su frustración, así que alzó las manos a la defensiva. –Escucha, no sé qué es este lugar. No sé qué hago aquí. No sé quiénes son esas personas. Y no conozco el término “Praetu”. Me he despertado en una sala y esa gente estaba mirándome. He huído y me han seguido. –Hizo una pausa mientras se agachaba a acariciar su dolorido pie -¿Qué es todo esto? ¿Qué haces aquí escondida?
-También me persiguen. Y también me desperté en una sala mientras me observaban.
-Entonces hay más de doce personas, ¿no? Doce buscándome a mí y otras doce buscándote a ti, aproximadamente. –Capri movía las manos en el aire aceleradamente, intentando buscar una explicación a todo aquello.
-No. Sólo son doce personas. Las mismas que te vieron a ti, me vieron a mí.
-¿Cómo puede ser eso?
-Porque tú te has despertado hoy. Yo llevo escondida en esta habitación desde hace tres años.

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4 comentarios:

  1. Me ha enganchado muchísimo! En un fragmento tan pequeño has contado muchas cosas, o más bien, has creado muchos enigmas. Me encantaría leer más :D

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    1. Muchas gracias por comentar, Alicia! Me hace muchísima ilusión que te haya enganchado y gustado :D Seguramente suba segunda parte pronto :)
      Un besito!

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  2. Holaa Lucia!! te cuento que ya te afilie y me encanta como escribes.
    Beso!

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    1. ¡¡Hola!! Muchas gracias, he visto tus escritos, y a mí también me encanta cómo escribes tú !
      Un besazo! :D

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