Mis relatos #4 - La verdadera historia de Cenicienta [ÚLTIMA PARTE]

Cuando Caperucita pronunció aquellas palabras, una vocecita en mi interior gritó: corre. Huye. Y eso hice. 
Comencé a correr lo más rápido que pude en dirección al bosque, para atravesarlo y llegar a casa. Ya estaba todo perdido. Mis hermanastras y mi madrastra ya sabrían que me escapé para ir al baile y debían estar bastante contentas viéndome como culpable de asesinato. 
No entendí nada. No sentí más que frustración, pero seguí corriendo, aun siendo consciente de que prácticamente todo el reino me perseguía gritando ¡Asesina!. Cuando llegué al bosque, decidí quitarme un zapato porque me estaban haciendo muchísimo daño, y decidí lanzar el otro lo más lejos posible que pude, y continué avanzando a tientas por el oscuro bosque. Estaba perdida. Sabía que fuera a donde fuere me iban a atrapar. Pensé que ese era mi final, hasta que una mano me agarró con fuerza por el brazo y me elevó por el aire. Peter. 
-Tranquila, estoy contigo. -me dijo Peter sonriendo desde arriba. Agradecí su sonrisa en esos tensos momentos y me dejé llevar, cada vez ascendiendo más alto. -Dime dónde se encuentra Campanilla, por favor.
Le indiqué cómo llegar a mi casa y cuando pude ver mi pequeño hogar, lo señalé. Me dejó con delicadeza en el suelo y antes de abrir la puerta, le agradecí la ayuda, a lo que Peter respondió con una cálida sonrisa.
Pero nada fue como esperé, porque al abrir la puerta no estaba Campanilla en la lámpara, sino apresada entre las manos de la reina de este odioso lugar. La madre del príncipe.
-Buenas noches, jóvenes. -saludó la reina armoniosamente mientras apretaba más a Campanilla para prevenir que gritara
-¡Suéltala! -gritó Peter, realmente furioso. No supe qué decir ni qué hacer así que me quedé allí paralizada.
-Calma, chico. Dame a Cenicienta, y te daré a tu sucia hada. 
Peter me miró y me pareció ver en sus ojos por un segundo cierta duda. Me dolió, pero no podía esperar tanto de un muchacho al que acababa de conocer, así que di un paso hacia delante.
-¡No! -dijo Peter ante mi gesto. -¡No te vas a quedar con ninguna! 
-Mira, muchacho ignorante, esta joven de aquí merece morir. 
-¿Por asesinar a un lobo con una manzana? -preguntó Peter muy enfadado.
La reina comenzó a reír a carcajadas, sin dejar de hacer daño a Campanilla. 
-Cenicienta, ¿matar a un lobo? Te felicito, querida. No sabía que le encontraras otro uso a la manzana que te di que no fuera comértela. Realmente te felicito. -dijo mientras continuaba riéndose.
-Así que tú eras la anciana que me regaló la manzana... -dije con un hilo de voz. No podía creer que hubiera sido tan tonta. Siempre se había dicho de la reina que tenía cierta obsesión por la belleza y estaba dispuesta a matar a toda mujer que pudiera quitarle el puesto de la más bella de nuestro reino. 
-Veo que lo has entendido. -respondió maliciosamente, sin dejar de apartar sus negros ojos de mí. -Pero no deberías odiarme a mí, sino a Campanilla.
-¡Campanilla no ha hecho nada! Usted es quien la está matando apresándola así. -dijo Peter con un tono de voz menos elevado que los anteriores.
-Campanilla no me concedió mi deseo de ser la más bella del reino, estúpido. Tuve que hacerme amiga del Capitán Garfio para poder entrar en Nunca Jamás y robar una de estas odiosas hadas. Me costó mucho trabajo atrapar a una, y cuando vuelvo aquí, en vez de cumplir mi sueño, ¡lo revirtió! -gritó la reina tan alto que mis oídos sufrieron. No daba crédito a lo que oía, y Peter Pan tampoco. 
-Tú... tú secuestraste a Campanilla. Tú te la llevaste de su país, el único lugar donde puede vivir. -dijo Peter en voz baja, poniendo odio en cada una de las palabras que decía.
-Se acabó. Libera a Campanilla. Libérala y tómame a mí. Puedes matarme, si quieres, pero primero suelta a Campanilla. -solté finalmente. 
Se hizo el silencio en el pequeño salón de mi casa durante unos segundos, y después, la reina volvió a hablar.
-¿Sabes? No eres tan tonta como decían tus hermanastras. -me agarró con fuerza y me puso delante de ella,  en una postura en la que podía ver cómo Peter y Campanilla me miraban enfadados. Vi cómo Peter hacía ademán de atacar a la reina, pero con una mirada fui capaz de decirle que lo olvidara. -Por fin mi espejo dejará de decirme cada mañana que eres tú la más bella del reino. Por fin lo seré yo. 
La reina hizo ademán de poner sus manos en mi cuello, pero un portazo interrumpió ese gesto. Todos nos giramos en dirección a la puerta.
-Reina de Bendeorn, suelte a Cenicienta. Está acusada, por lo que he podido oír, del asesinato de un lobo con una manzana envenenada y el secuestro de un hada, y por lo que veo, del intento de asesinado de una joven.
La acusada me soltó apresuradamente y acarició mi pelo, intentando disimular. Me aparté y me mantuve lejos, mientras Peter me abrazaba y Campanilla me frotaba la nariz graciosamente. No pude más que sentir alivio.
La reina  intentó simpatizar con Caperucita, pero no consiguió nada. Caperucita se acercó a ella y la ató con una gruesa cuerda. Acto seguido pidió a dos hombres que se acercaran y la sostuvieran y aprovechó para acercarse a mí.
-Siento el entendido, Capri. -me dijo poniendo su mano en mi hombro. Sonreí. Sí me recordó.
-No te preocupes, sé que es tu trabajo. -respondí con una mirada de agradecimiento por haber llegado a la verdad.
Se alejó con la bruja delante suyo y pude ver cómo, al salir, todas las personas de Bendeorn estaban afuera de mi casa, mirándome ahora con ojos lastimeros. Antes de que Caperucita se fuera y los demás la siguieran, expuso a la bruja ante las miradas incrédulas de la gente, y gritó:
-¡Se ha dictado el futuro de la culpable! ¡Está sentenciada a morir por ingerir una manzana envenenada! 
Pude ver cómo la reina palideció y comenzó a suplicar, pero los gritos de alegría de la gente impidieron que la oyera muy bien. 
Cuando se hubieron ido, incluidas mis hermanastras y mi madrastra porque era "un cotilleo", me quedé a solas con Peter y con Campanilla.
-Me alegro mucho de que todo haya salido bien, pero sabes que si te hubiera llegado a hacer algo, hubiera actuado. -dijo Peter sonriendo espléndidamente.
-Lo sé. Sé que lo hubieras hecho. -respondí. Me alegró oír eso. 
-Jamás pensé que alguien pudiera decidir ponerse en mi lugar para salvarme... -dijo de pronto Campanilla, con su preciosa voz cantarina. -y por eso te estaré eternamente agradecida. Antes de marcharme quiero darte un segundo deseo.
-Campanilla, eres un hada menor, no puedes conceder más de un deseo. -le espeté. -Aún así, muchas gracias por...
-En realidad, Campanilla es un hada ascendente, y puede conceder dos deseos. -respondió Peter lanzando una mirada cómplice al hada. -Por lo que puede concederte un deseo más.
-¿Es eso cierto? -pregunté a Campanilla sorprendida. 
El hada asintió alegremente y cruzando sus brazos de nuevo, pero esta vez no había nada de superioridad en su gesto. 
-Pídeme aquello que desees. Pero aprovéchalo bien.
Me tomé unos segundos en pensar un buen deseo, pero aunque lo negara, sabía cuál acabaría pidiendo.
-Quiero ir a Nunca Jamás con vosotros. Quiero vivir allí. Quiero ser feliz allí.
Peter me miró sorprendido y acto seguido me mostró una reluciente y amplia sonrisa.
-Ese deseo también puedo concedértelo yo. Y nos encantaría que vinieras. 
Campanilla asintió en mi dirección, totalmente de acuerdo.

No puedo decir mucho más de la historia, ellos me llevaron volando a su reino, y realmente fui feliz allí. Todos éramos allí libres, y me acogieron como una más. No sólo había niños, como decían los cuentos populares, sino que la mayoría de la población eran adultos y gente de nuestra edad que trabajaban en aquello que adoraban. Mi único trabajo por el día fue aprender a volar y Peter se encargó de enseñarme, mientras que por la noche, antes de ir a dormir, me inventaba cuentos para contarles a los niños del país de Nunca Jamás. 

FIN

He decidido aprovechar este espacio para contaros brevemente qué fue de las demás personas que se cruzaron en mi camino. El pobre lobo... bueno, ya sabéis lo que ocurrió con él. La reina murió por una manzana envenenada, y por votación unánime, Caperucita fue nombrada la nueva reina de Bendeorn. Mis hermanastras consiguieron marido, un verdulero y un pastor, y dejaron atrás su orgullo... o eso me han contado. Mi madrastra se resignó a vivir con sus hijas y a hacer ella las tareas de la casa. Y por último, Gastón se casó con una bestia femenina que estaba bajo un hechizo por el que se transformaba en una bella mujer humana a los ojos de los hombres, y a pesar de todo, fue bastante feliz.

6 comentarios:

  1. Peter Pan :3 Me encanta; yo también me hubiera pedido ese deseo jajaja. Me he leído las dos últimas partes del tirón, y me han encantado los giros inesperados de la historia (ej: no me esperaba que Campanilla saliera de la lámpara). Creo que me gusta más que la original jajaja; es como si fuera la parte oculta que no nos han querido contar.
    Espero que sigas publicando más relatos :)

    Un abrazo,
    Nimue

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    1. Jajajajajajaja no sabes cuánto te agradezco el comentario! Muchas gracias por el tiempo dedicado a leer mi relato, tenía miedo de que no estuviera a la altura de lo que la gente esperaba :) Me alegra muchísimo que te haya gustado, y por supuesto seguiré publicando más relatos! :D
      Un beso, cuídate!

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  2. Hola Lucía!!
    Leí las 4 partes del relato y me ha gustado muho.
    Tiene un final perfecto.
    Un beso, ya te sigo!

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    1. ¡Hola, May! Muchísimas gracias, te lo agradezco mucho :D Me alegro de que te haya gustado (: Y gracias por leerlo!
      Un beso, cuídate.

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  3. Me he leído las partes que me faltaban y me ha gustado mucho la mezcla de cuentos que has hecho ¡es muy original! Me alegro de que Cenicienta no se case con el príncipe, que están muy vistos esos finales ya ;D

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    1. ¡Alicia! Muchas gracias :) Me encanta que te haya gustado ^^
      Sí, la verdad es que quería romper con esa costumbre de los cuentos clásicos. ¡Gracias por darle el visto bueno! Un beso :)

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