Mis relatos #2 - La verdadera historia de Cenicienta [PARTE 1]

Podría empezar con el típico "Érase una vez, en un reino muy lejano..." pero la historia que voy a contar ni se acerca a lo que vosotros creéis. Mi nombre es Capri y soy una chica de 20 años bastante menuda, de tez pálida, ojos azules y pelo rubio. Nací y vivo actualmente en Bendeorn, un reino muy lejano, sí, pero no como en esos cuentos que os contaban de pequeños. Es un lugar bastante hermoso, lleno de calzadas de piedra y grandes castillos pertenecientes a los ricos, además de tener un gran bosque que separa la parte comercial del reino de las acogedoras casitas en las que vivimos la clase media. ¿Os suena este lugar? ¿Y mi nombre? no, ¿verdad? ... ¿Y si os dijera que se me conoce como "Cenicienta"? La cosa cambia, lo sé. 
Hace unos días, llevando una cesta con tarros de miel a una humilde mujer, escuché cómo su marido le contaba a su hijo pequeño la historia que protagonicé yo sobre el baile, el zapato de cristal perdido y todo eso. A vosotros también os lo han contado así, ¿verdad? Pues no ocurrió como os han contado en absoluto. Por eso he decido sentarme aquí y contaros qué paso en realidad.

Eran las seis de la mañana y el sol ni siquiera se había despertado, pero yo debía hacerlo cada día a esa misma hora. Mi pequeño y viejo dormitorio -si se le podía llamar así al trastero de una casa de piedra muy pequeña- aún estaba cerrado con llave, por lo que tenía tiempo suficiente para cambiar mis ropas y ponerme el delantal de trabajo. Cuando hube terminado, me senté de nuevo en la cama y miré fijamente a la puerta que había enfrente. Había veces, por no decir todos los días, que deseaba que esa puerta jamás se abriera para no tener que atender los cuidados de la casa de mi hipócrita madrastra y sus dos odiosas hijas. Pero eso era sólo un deseo que se perdía en el aire al ver aparecer ante mí a la culpable de mi infelicidad.


-Veo que estás ya levantada. Date prisa y barre el suelo de la sala de estar, friega los platos de anoche y después ve al mercado a comprar, que apenas tenemos comida. -dijo la desagradable mujer de pelo canoso y profundos ojos negros mientras me observaba con aire de superioridad.
-Sí, señora. -contesté. Sabía lo mucho que le fastidiaba que no le llamase "señorita", y por ello usaba "señora", para recordarla que por mucho que quisiera, la edad le pasaba factura, y al ver su cara de enfado, no pude esconder una pequeña sonrisa
Me puse en pie y fui al cuarto de estar. Mis hermanastras, Pilie y Milie estaban sentadas con una taza de té en la mano cada una, cosa que me sorprendió, ya que no sabía que supieran siquiera prepararse un té. Hice caso omiso de sus burlas, como cada mañana, cogí la escoba y me dispuse a barrer. El tiempo pasaba lentamente, como si cada segundo equivaliera una hora. No podía creer que mi vida se limitara a hacer lo mismo día tras día.
Tras haber fregado los platos, como ordenó madre, salí con la cesta de mimbre que obtuve en un trueque con una joven muchacha a cambio de mi roja caperuza. Atravesé la mitad del bosque, sabiendo de memoria el camino, y tarareando la melodía de una nana que solía cantarme mi padre antes de fallecer. Estaba tranquila, y disfrutando de ese poco tiempo a solas, por lo que disminuí el paso. Al llegar al pueblo, fui a la calle del trueque, en la que había varios tenderetes con diferente comida y especias. Le compré un pan recién horneado a un muchacho rubio bastante atractivo que jamás había visto, y unos tarros de mermelada a la señora Pomms. Cuando hice ademán de dirigirme al puesto de verduras y hortalizas, reparé en una anciana bastante desagradable a la vista que me miraba con ojos incrédulos.
-Oh, joven moza, es usted muy bella. La más bella del reino, si me permite decir -dijo aquella mujer, enseñando los pocos dientes amarillentos que le quedaban en forma de sonrisa.
-Muchas gracias. -respondí. No sabía qué hacer porque la mujer me impedía el paso.- ¿Desea algo?
-Ya que lo menciona, si. Me gustaría que aceptara esta reluciente y deliciosa manzana, le aseguro que se desmayará del encanto. -contestó la mujer, tendiéndome con gran entusiasmo una manzana de un intenso color rojo. 
-Oh, es usted muy amable. Gracias. -le dije antes de coger la manzana, meterla en la cesta y continuar la compra.
Ese día no había gran cosa que comprar, por lo que me adentré en las profundidades del bosque de nuevo rumbo a la casa que tantas pesadillas me daba. Sabía que si probaba a fugarme, la reina mandaría a su fuerte cazador atraparme y me pondría ante su poderoso espejo para comprobar que yo no era la más bella del reino. Si lo fuera, me mataría. Sino, también por intentar huir del reino. Por ello seguía allí como una esclava.
De pronto un ruido me sacó de mi ensoñación. Dirigí la mirada a mi derecha y vi cómo un lobo se acercaba a mí. Nunca había visto un lobo con mis propios ojos antes, pero no recordaba que en los cuentos que me leía mi padre fueran tan delgados, débiles y desaliñados. Me detuve para observar con más atención al curioso animal. Él, al reparar en mí, se acercó como si acabara de ver el mayor tesoro de su vida.
-¡Muchacha! ¿Podría ayudarme? -preguntó el lobo mientras se acercaba poco a poco a mí.
-¿Qué le sucede? -pregunté amablemente, aun teniendo miedo.
-Llevo días sin comer. Semanas. No encuentro nada por este bosque y algo de lo que llevas en la cesta no estaría nada mal. ¿Tienes algo que pudiera ayudarme, por muy pequeño que sea?
Observé al pobre lobo tenderme una pata débilmente, así que abrí mi cesta de mimbre y le enseñé lo que tenía.
-Oh, qué manzana tan reluciente. ¿Podría comer esa delicia, señorita? -preguntó educadamente el lobo, señalando el regalo que me había hecho la anciana. 
Dudé unos instantes, pero pensé que él necesitaba mucho más esa manzana que yo. Aunque no fui tan tonta.
-Claro, quédesela. -dije tendiéndosela. Los ojos del lobo se abrieron de par en par. De pronto, volví a atraer la manzana hacia mí. -Pero tiene que darme algo a cambio. -el lobo me miró con ojos incrédulos- ¿Qué? No esperaba que fuera a darle algo sin recibir nada, ¿no? Aquí todos tenemos necesidades, oiga. 
El lobo se quedó dubitativo, pero más tarde sacó de su rota mochila, en la que no reparé hasta ese momento, un vieja vieja y polvorienta lámpara de color oro. Al menos pensé que no era de oro real, porque sino ese lobo no estaría aquí mendigando por una triste manzana.
-Le ofrezco esta lámpara, señorita. -dijo el lobo tendiéndome el curioso objeto con ojos llenos de esperanza. 
En ese momento el lobo me dio bastante pena, así que decidí aceptar su lámpara y le di la manzana. Me despedí de él con una sonrisa, viendo cómo contemplaba la roja fruta con gran admiración, y continué mi camino a casa.
Al llegar mi querida madrastra me mandó más tareas, como la de hacer la comida, arreglar tres vestidos de mis hermanastras y hacer las camas de las señoras. Cuando fueron las siete de la tarde, reparé en que me quedaría sola en casa porque mis hermanastras asistirían al baile que organizaba el príncipe del reino para encontrar esposa, y aunque todas las muchachas deseaban ser la elegida, yo me compadecía de aquella que terminara casándose con el príncipe, ya que acabaría teniendo como suegra a la reina del reino, obsesionada por la belleza y mala donde las haya. Me senté en la cama de mi viejo trastero y comencé a mirar con detalle aquella lámpara de color oro. Qué de polvo tiene, pensé. Lleva años sin ser mimada.
Entonces me levanté y cogí un trapo para limpiarla y poder exponerla en mi cuarto, como si ese objeto pudiera destacar en el destartalado trastero. 
Mientras lo limpiaba suavemente con el trapo, pensaba cómo sería asistir a ese baile, lleno de muchachas expectantes por conocer al príncipe e intentar conquistarle, y con esa música aburrida. Aunque no me entusiasmara, ir a ese baile se saldría de la horrible rutina.
De pronto, de la lámpara comenzó a salir vapor y no pude evitar tirarla al suelo por la sorpresa.
-¡Ay! -dijo una voz dentro de la lámpara. 
Miré el objeto horrorizada, pero mi curiosidad ganaba mil veces al miedo, así que me quedé inmóvil, expectante. El vapor comenzó a moverse en el aire formando una extraña figura, hasta que se calmó y pude ver la silueta con claridad...

FIN DE LA PRIMERA PARTE 


4 comentarios:

  1. ¡Tengo curiosidad por saber cómo sigue! ;) Por cierto, si te gusta escribir puede que te interese este proyecto: http://mensajerosdeoz.blogspot.com.es/

    ¡Nos leemos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado :) La verdad es que me ha llamado bastante la atención ese blog, muchas gracias y un beso! :D

      Eliminar
  2. Me ha encantado; ir entrelazando cuentos populares de forma tan original. Tengo curiosidad por saber como sigue; espero que la continues :)
    ¡Te seguimos! También te animamos a pasar por nuestro blog ^^

    Un abrazo,
    Nimue

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchísimas gracias! Me ha hecho mucha ilusión tu comentario y me alegra que te haya gustado :) La continuación estará antes del 10 de abril, así que prontito me dirás qué te parece la segunda parte:)
      También decirte que me ha encantado tu blog y yo también te sigo.
      Un abrazo enorme :D

      Eliminar