Mis relatos #1 : La Cabina de Teléfono



"La Cabina de Teléfono"
Llevaba varias horas caminando por el centro de la ciudad. Había visitado los principales museos, cuando me senté en un banco de la Gran Vía. A escasos metros, había una cabina de teléfono. Eran las ocho en punto de la tarde. El teléfono comenzó a sonar...
y un nudo se hizo en mi estómago. Anteriormente ya había visto algo parecido en una película de Colin Farrell, pero estaba convencido de que jamás podría pasar algo así, por lo que decidí ignorarlo. Tras un buen rato, el teléfono seguía sonando y me planteé cogerlo, pero opté por permanecer sentado. Contemplaba a la gente pasar y nadie se paraba a coger esa llamada. Quién sabe, tal vez alguien se dignara a contestar... Entonces, cansado del ruidoso aparato, me levanté dispuesto a responder a la persona que llamaba. Cuando entré en la cabina, el teléfono dejó de sonar y con un gran suspiro salí, y me acerqué a un kiosko cercano. Pregunté al hombre que se encontraba allí leyendo el periódico si había esperado alguna llamada o había oído el teléfono sonar. El hombre, un humilde anciano de ojos sinceros, me dijo que era imposible, ya que ese teléfono llevaba mucho tiempo estropeado. Le miré desconcertado. Era todo lo que podía hacer. ¿Acaso había imaginado la llamada? Cogí una chocolatina y un periódico, y acto seguido me apresuré a sentarme de nuevo en el banco, mirando desafiante aquella cabina. Aún sentía curiosidad, pero todo apuntaba a que era imaginación mía. 
Pero cuando me quedaba la mitad de la chocolatina por comer y me encontraba leyendo un artículo de economía, mi corazón palpitó aún más fuerte: el teléfono comenzó a sonar de nuevo. No podía creerlo. Miré incrédulo al anciano del kiosko, pero éste no parecía percatarse de nada, sino que leía animadamente su periódico. Volví la mirada hacia la cabina. ¿Quién estaría tras esa llamada? ¿No dijo el señor que el teléfono estaba roto?
Antes de entrar, observé curioso a los cientos de personas que pasaban a esas horas por la Gran Vía, y nadie parecía percatarse de que aquel teléfono estaba sonando, así que suspiré y lo cogí.
-¿Hola? -pregunté con voz temblorosa, intentando ocultar mi inquietud.
No obtuve respuesta. Notaba cómo me temblaban las piernas y eso me avergozó. No podría llegar a ser tan malo. No como en aquella película.
Volví a preguntar y en ese caso sí obtuve respuesta. 
-¿Hola? -su voz también parecía temblorosa.
Era la voz de un hombre, curiosamente parecida a la mía. A continuación le pregunté quién era y el me preguntó lo mismo con un tono de voz igual al mío. En ese momento levanté la vista y miré alrededor, asustado: esa voz era la mía. No, no podía ser, porque también oía una fuerte respiración al otro lado del teléfono, y yo estaba sin aliento. Tal vez me estaban grabando...
Fui presa del pánico. Colgué el teléfono "roto" y salí apresuradamente de la cabina. Al cerrar la puerta, tropecé y la gente que se encontraba cerca lo encontró muy gracioso. En cualquier otra situación me hubiese puesto colorado, pero no tuve tiempo de pararme a pensar y corrí en dirección al metro. Al llegar, me senté en el primer asiento que vi y un hombre se colocó a mi lado una parada después. Ni siquiera sabía a dónde se dirigía el tren, pero era mejor que quedarse en esa cabina parado. Decidí olvidarme de aquel asunto para poder calmarme un poco, y desvié disimuladamente la mirada hacia el hombre que se sentaba a mi lado. Apenas podía ver su rostro, pero era un hombre corpulento y su largo abrigo negro le hacía juego con el sombrero que llevaba. Tras unos minutos intentando ver cómo era su rostro, me rendí y decidí mirar nuestro reflejo y ver si así podía, porque comenzaba a darme muy mala espina. La gente comenzaba a abandonar el metro; debíamos de estar llegando al final del trayecto, pero él no se movió. Me centré en su reflejo y vi que del bolsillo izquierdo -lado opuesto en el que yo me encontraba- asomaba una grabadora alargada de color gris. Mi corazón volvió a dispararse. Mi primer impulso fue levantarme, pero fui tan descarado que me acerqué a la puerta despacio e intentando controlar mi respiración, como si nada pasara. Los segundos parecían horas y la próxima estación, fuera cual fuese, parecía cada vez más lejana. Cuando la voz del metro anunció que estábamos llegando a la estación, una pequeña sonrisa se dibujó en mi cara. Por fin.
Ya tenía los dedos puestos en el botón para abrir las puertas, cuando comenzaron a sonar los teléfonos móviles de todas las personas que se encontraban en el vagón, excepto el mío. Miré alrededor y las personas se miraban unas a otras, dudando si coger la llamada. Fue entonces cuando me percaté de que el hombre del sombrero ya no estaba en el vagón, y eso me acabó por despistar tanto, que cuando recordé que debía bajarme en la siguiente parada, las puertas se habían cerrado de nuevo y nadie subió al vagón. Intenté abrir la puerta con todas mis fuerzas pero el metro comenzó a andar de nuevo. Apoyé la cara en los cristales, intentando pensar en cosas bonitas. Eres un cobarde, Matías. Un maldito cobarde. De pronto una mujer mayor, que tenía su canoso pelo recogido en una coleta y llevaba un vestido demasiado caluroso para estar en noviembre, se acercó a mí, sacándome de mi ensoñación.
-Creo que es para ti, querido. -dijo aquella desconocida, tendiéndome su teléfono con la mirada perdida.
Contemplé el móvil asustado y leí en él "número oculto"... ¿De qué iba esto?

Me sobresalté al encontrarme de nuevo en aquel banco de la Gran Vía. Miré alterado mi reloj y éste marcaba las diez y media de la noche. Mientras respiraba acelerado, me llevé la mano a la cabeza: me había quedado dormido y estaba sudando. Entonces recordé el episodio que había tenido con esa horrible cabina, supuestamente rota, y suspiré aliviado de que no fuera más que un mal sueño. Tras unos minutos reflexionando sobre ello, reí. No podía ser más tonto. ¿Un vagón de metro lleno de personas con la misma llamada para mí? ¿Mi voz sonando en una grabadora al otro lado del teléfono? ¿En serio? 
La Gran Vía parecía casi deshabitada y ya era demasiado tarde, así que hice ademán de marcharme a casa, riendo escandalosamente. Pero entonces, algo hizo que me parara en seco: el teléfono de la cabina, que tanto sufrimiento me había dado durante la pesadilla, comenzó a sonar.

FIN
 

7 comentarios:

  1. Hola Lucia,
    Muy buen comienzo a lo Collin Farrell en "Última llamda" aunque te has ido alejando y has creado una gran expectación.
    Lo único que no queda claro es enlace del final... despertando de un sueño.
    Bienvenida a este mundo de los Bloggers Lucia.
    Los comienzos son difíciles, pero sigue así.
    Un abrazo de UTLA.

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    1. ¡Hola UTLA! Muchas gracias por tu comentario, me ha hecho mucha ilusión :D Y también muchísimas gracias por la bienvenida! Espero poder seguir adelante y no rendirme muy pronto, pero de momento tengo grandes ilusiones! :)
      ¡Un saludo!

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  2. ..y solo una opinión... quita la validación de comentarios, posiblemente ganaras en comentarios y visitas. Solo es mi opinión.
    Un brazo.

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    1. ¡Gracias de nuevo, UTLA! Ya he quitado la validación de comentarios, o al menos eso creo que he hecho. ¡Un saludo! :D

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  3. Me encanta este relato, en serio. Tienes una gran forma de expresarte a la que ligas a la perfección la creatividad, cosa complicada en este mundo. Espero que publiques más relatos sueltos, que yo los leeré seguro JAJAJA. Un beso! :)

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    1. ¡Hola, Esther! Jo, muchísimas gracias!!!! Me has hecho muy feliz jajajajaja (: Hace mucho que no renuevo esta parte del blog, pero sin duda lo retomaré ^^
      Espero tenerte como crítica próximamente también! Y gracias por unirte
      ¡Un besito!

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  4. Hola Lucia! Acabo de encontrar tu blog y me pareció bastante interesante esta sección. La verdad es que me ha encantado tu relato!! Como de una frase puedes llegar a crear toda una historia es simplemente fascinante y es lo que a mi mas me gusta de la literatura. Bajo mi humilde opinión creo que tu lo has logrado :D Muchas felicidades y yo seguiré leyendo mas de tus relatos claramente... Tienes una nueva seguidora

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